La contaminación por plástico se ha convertido, hoy en día, en uno de los mayores retos medioambientales.
El problema es extremadamente grave, ya que se está utilizando como envoltorios de un solo uso, y, por tanto, en esencia desechables, un material, el plástico, concebido para ser prácticamente indestructible.
Esta divergencia entre la finalidad y el uso es una funesta paradoja que ya hace unos años se despejó en favor del consumismo desaforado y ciego a las consecuencias para la naturaleza de su uso desmedido y que necesita de todos para cambiar la tendencia de abuso del plástico.
A todos nos entran las dudas cuando pensamos en qué debemos hacer para luchar contra la contaminación por plástico del medio ambiente y en especial del mar.
Al margen de iniciativas de limpieza que deben implicarnos a todos, hay una cuestión en la que hay que trabajar duro y es en el cambio de tendencia en los empaquetados con plástico.

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Nadie está libre de la reflexión más habitual, que no es otra que, si las grandes empresas, si los supermercados y grandes superficies no cambian su política de empaquetado con plástico nada se puede hacer.

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Imagen cortesía de Velizar Ivanov

Esta reflexión que es lógica y, en buena parte cierta, conlleva un problema y es la de concluir que, entonces, sean otros los que hagan algo para frenar la lacra de la contaminación plástica ya que mi influencia en el problema es mínima.Pero esto no deja de ser una excusa para no hacer nada.
Quizá hay que descararse simplemente en el supermercado y decir que no compraremos la fruta empaquetada en plástico, incluso, mejor acudir a la tienda del barrio y comprar allí, eso sí, sin plástico de un solo uso.
Hace años era habitual cargar la fruta o la verdura directamente en el platillo de la báscula y de allí a la cesta de la compra o al carro. ¿por qué no vamos a poder hacerlo ahora?

En otros países esta actitud de rechazo del plástico está siendo captada por los directivos de los supermercados y ya están cambiado sus procesos de empaquetado, así en Noruega la presión de los clientes a raíz del varamiento de una ballena muerta en una playa de Bergen con el estómago lleno de plástico, motivó el rechazo y la movilización de los usuarios que, finalmente han conseguido que, una de las cadenas de supermercados más conocida cambie sus empaquetados asumiendo como propia la idea de que hay que luchar contra la contaminación plástica.
En Alemania uno de los supermercados más importantes ha suprimido las bolsas de plástico de la compra y está buscando alternativas para las bolsas de la fruta.
En Suecia se está utilizando el código de barras impreso en la fruta y la verdura para que con un simple escaneado se pueda pesar sin necesidad de que se introduzca en bolsas. Por cierto, invento de una empresa valenciana, que, por lo que se ve, no tiene la repercusión que debería en nuestro país.
Todos estos logros se deben a la presión social que llega hasta quienes sí tienen en sus manos llevar a cabo el cambio el abuso del plástico.

A veces decimos, eso es cosa de otros países, de otras culturas, y con eso ya tenemos excusas, pero, y ¿qué es lo que hacemos nosotros para que esto cambie?

Equipo Jambo