El Mediterráneo sufrió, hace unos 5 millones de años, una mega inundación, llamada la Mega Inundación Zancliense, debido al parcial hundimiento tectónico del estrecho de Gibaraltar.
Esta inundación, avanzando, inicialmente, a una velocidad de varios centenares de kilómetros por hora, generó un canal erosivo de unos 500 metros de profundidad y unos 8 kilómetros de anchura y una longitud de unos 200 kilómetros entre el Golfo de Cádiz y el Mar de Alborán.
La inundación rellenó primero la cuenca occidental, y una vez colmatada esta, paso a la cuenca oriental, a través del estrecho de Sicilia, hasta rellenarla totalmente.
A estas conclusiones llegó la Universidad de Malta con participación de Instituto de Ciencias de la Tierra Jaume Almera y publicada por la revista Scientific Reports.
Según uno de los investigadores del estudio, el Dr. García-Castellanos del ICTJA-CSIC, en esta inundación hubo descargas de “hasta 100 millones de metros cúbicos, mil veces el caudal medio del actual Amazonas.” Y “sucedió entre pocos meses y un máximo de dos años”.
Por los testigos recuperados del lecho marino en el subsuelo del Canal de Sicilia, se considera que este canal y en, especial el cañón de Noto, fue la puerta de entrada de la mega inundación en el mar Jónico actuando como un colector de sedimentos que prueba esta teoría.
La forma especial de este cañón, de una anchura de unos 6 kilómetros y con forma de anfiteatro, supuso la gran acumulación de sedimentos en ese lugar que quedaron depositados por encima de una capa de sales acumulada con anterioridad, durante la desecación parcial del mediterráneo y bajo otra de sedimentos marinos depositados, una vez reestablecidas las condiciones oceánicas normales.
Esa previa desecación, parcial y rápida del Mediterráneo, se ha dado en llamar la Crisis Salina del Messiniense acaecida hace, entre cinco y seis millones de años, a causa del levantamiento tectónico de la cordillera bética, al sur de la península ibérica y la cordillera rifeña, al norte de Marruecos, que supuso el cierre de la conexión entre el Mediterráneo y el océano Atlántico.
Esta desecación, en términos geológicos fue rápida, ya que ocurrió en unos pocos centenares de años, y se considera el mayor y más brusco cambio ambiental, desde el Cretácico.
La desecación, acelerada además por la actividad volcánica, supuso un descenso aproximado de entre 1.300 y 2.400 metros en la profundidad del Mar Mediterráneo, aumentando su salinidad hasta convertirlo en una inmensa laguna salina y ha servido de testigo y referencia de la existencia posterior de la Megainundación del Mediterráneo.

 

Equipo Jambo

 

 

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